Ernest Hemingway, la vida del escritor estrella
Si un escritor puede ser dueño de una época, ese sería Ernest Hemingway. Aquel hombre de mundo, venturoso, complicado y enamorado, testigo de los acontecimientos más importantes que ocurrieron en la mitad del siglo XX. Con su talento nos narró las vidas en la Gran Guerra, el África y el Caribe, la pérdida y la derrota, la vejez y la victoria. Cautivando millones de lectores por todo el mundo. Ganó el Premio Nobel y el Premio Pulitzer por sus escritos.
Desde temprana edad mostraba esos destellos que estaba destinado a ser un hombre de narraciones. Fue soldado en la Segunda Guerra Mundial, periodista en la guerra civil española, testigo del desembarco de Normandía, un amante de las corridas de toros, se casó 4 veces, tuvo dos accidentes aéreos seguidos en África y vivió en Cuba en las épocas de la revolución. Un hombre que, con su creatividad y hazañas, publicó obras de gran relevancia mundial y literaria.
El espíritu de los libros no solo viene de aquella hábil y creativa intelectualidad que navega por las letras y la narración; son también las vivencias y carencias a lo largo de la vida del escritor, esa experiencia que estructura e inyecta vida a sus creaciones. Hemingway fue lo que escribió, fue sus personajes, fue ese vocabulario conciso y honesto. Un repaso a una vida que superó la realidad, una biografía de uno de los mejores artistas del siglo XX.
Biografía de Ernest Hemingway
El 21 de julio de 1899, en una zona conservadora de los Estados Unidos llamada Oak Park, Illinois, nacía en una familia adinerada. El doctor Clarence Hemingway y la musicóloga Grace Hall celebraban la llegada de su segundo hijo, Ernest Hemingway. Su padre le forjó su cariño a la naturaleza por sus costumbres de cazar por los bosques de Michigan. Su madre (una relación de mucho odio en algunas ocasiones) le inculcó la curiosidad por las artes, la lectura y ser ciudadano del mundo.
En la escuela ya mostraba los destellos de un ingenuo amor a escribir; en la secundaria escribía artículos para el periódico de la escuela The Trapeze (solo los mejores escritores de la escuela lograban publicar). Hemingway fue periodista antes que novelista, ya que al salir de la escuela su primer trabajo fue como periodista novato en el Kansas City Star. Este periodo fue entre 1913 y 1917.
La Gran Guerra en Europa llevaba algunos años comenzada; lo que parecía un conflicto lejano tocó la puerta de los Estados Unidos, y los jóvenes se enlistaban voluntariamente a montón. Ernest Hemingway fue uno de ellos; en contra de la voluntad de sus padres, deseaba cumplir con su nación y participar en el conflicto. Al comienzo fue rechazado por su mala visión, por lo que optó por unirse a la Cruz Roja como conductor de ambulancia. Llegó a la ciudad de Nueva York en mayo, y partió a Francia, recibiéndolo con los bombardeos de artillería alemana, una bienvenida que les presentaba la crudeza de la guerra.
En junio llegó al frente italiano; allí vio con sus ojos que no hay grandeza en una guerra, solo dolor y sufrimiento. Sus días se basaron en recoger los heridos y fallecidos en el servicio de la Cruz Roja; en algunos casos, vio con sus propios ojos cómo solo recoge los fragmentos de los que alguna vez fueron personas. Un mes después, el joven, con apenas 18 años, mientras regresaba de la cantina, un mortero hizo explosión hiriendo y matando a todos a su alrededor, entre ellos a Ernest Hemingway. Pese a sus heridas, logró salvar a un soldado también herido, lo que llevó a recibir la medalla de plata al valor del gobierno italiano.
Pasó 6 meses en el hospital, y el enamoramiento llegaba a su vida, una enfermera llamada Agnes Von Kurowski. Era 7 años mayor que él, y toda su estancia en el hospital lo llenó de entusiasmo por el futuro. Tenía que volver a Estados Unidos, y le propuso encontrarse en su tierra natal. Su primer amor nunca llegó, y una carta de ella explicando que no iría a su encuentro porque prefirió comprometerse con un oficial italiano. Lo devastó, y una herida abierta quedaría abierta a lo largo de su vida, el terror a volver ser abandonado.
A los 20 años era una joven obligada a madurar por sus experiencias bélicas; no se encontraba muy bien. Por esas fechas llegaría uno de sus primeros cuentos, “El Río de dos corazones”, un relato muy personal de un soldado que enfrenta su soledad en la naturaleza después de llegar de la guerra. Un amigo le ofreció un puesto como escritor independiente en Toronto; la vida literaria del premio Nobel había comenzado.
En este periodo de tiempo, entablo amistades y relaciones con el futuro de grandes letrados americanos como F. Scott Fitzgerald, Morley Callaghan y Sherwood Anderson. En Chicago, un cierto día de casualidad, le presentaron a una mujer, de la que se flechó a primera vista, la aún joven Hadley Richardson (8 años mayor que él), que evocaba aquel primer amor que le fue negado. Se casaron el 3 de septiembre de 1921, y por recomendación de Sherwood Anderson, se fueron a París a vivir.

Una de las razones para escoger París, además del trabajo seguro y una tasa de cambio que abarataba los costos, era que París se encontraban “las personas más interesantes del mundo”. Gertrude Stein, Pablo Picasso, James Joyce y Ezra Pound fueron algunos de los personajes que ayudaron y entablaron amistad con el joven escritor americano.
Escribió 88 artículos, de los cuales relató algunos de sus viajes, cubrió la guerra greco-turca, siendo testigo de Esmirna, la pesca de atún en España, Alemania y toda Europa. En 1923, lastimosamente, su esposa había perdido en su maleta el libro que llevaba Ernest Hemingway trabajando; como en 1923 conocieron por primera vez las corridas de toros en Pamplona, España, y un 10 de octubre del mismo año nació su primer hijo, Jhon Hadley Nicanor.
Entre 1924 y 1925, ya de vuelta en París, Hemingway ayudó a editar la revista literaria The Transatlantic Review, la cual publicó obras de Ezra Pound, John Dos Passos y Gertrude Stein, y fueron también publicados los primeros relatos de Hemingway “Campamento indio” y “En nuestro tiempo”.
En octubre de 1926 publicó la primera novela importante, “Fiesta”. El libro que retracta y alza la voz de la generación perdida, aquella que a causa de la guerra ha perdido el espíritu, desorientada en un mundo que no la comprende, con cicatrices latentes marcadas por la pérdida de amigos. Tuvo críticas positivas y le valió reconocimiento en ámbitos intelectuales.
En las fechas por las que se publicó Fiesta, su esposa descubrió que Ernest Hemingway tenía un amante, Pauline Pfeiffer, periodista de una rica familia católica de Arkansas. Su esposa le pidió divorcio y empezó el proceso de separación, dividiendo sus posesiones y Hemingway, permitiendo que su esposa se quedara con las regalías de Fiesta.
En el año 1927 se separó, y unos meses después se casó con su amante Pauline Pfeiffer, convirtiéndose al catolicismo. A finales de año, el nuevo matrimonio quería cambiar de aires; Pauline estaba embarazada y la gran ciudad de París no era el sitio que querían para su hijo, por lo que John De Passos le recomendó Cayo Hueso en Florida. Antes de dejar el viejo mundo, y con accidente doméstico que le dejó una gran cicatriz en la frente, una recopilación de cuentos fue publicada: “Hombres sin mujeres”.
Al llegar a los Estados Unidos, visitaron Nueva York, Wyoming, Massachusetts y Arkansas City, donde nació su segundo hijo, Patrick Hemingway, el 28 de junio de 1928. El parto fue muy complicado, y sirvió de inspiración para una de las más importantes novelas que Hemingway escribió, “Adiós a las armas”. Cuando estaba por fin en dirección a su nuevo hogar en Cayo Hueso, recibió un telegrama trágico: su padre se había suicidado.
En septiembre de 1929 publicó uno de sus 3 libros más relevantes en “Adiós a las armas”. Se basa una historia de amor entre un soldado artillero de la Primera Guerra Mundial y una enfermera, que con firmeza narra las condiciones humanas a las que derivan los protagonistas de aquella época: la soledad, la pérdida y el amor. La crítica lo consideró como uno de los principales escritores estadounidenses del momento, con una historia compleja que no se veía en Fiesta, y narrando y evocando otra vez la complejidad de los soldados que vivieron en la era postguerra. Su siguiente trabajo sería “Muerte en la tarde”, un ensayo de las corridas de toros en España, uno de los espectáculos que más le agradaba ver.
Los siguientes años a Ernest Hemingway le depararon algunas aventuras; tuvo un accidente en coche que le fracturó la mano (1930). Su tercer hijo nació el 12 de noviembre de 1931, que, como su hermano, fue en Arkansas City. Publicó oficialmente su ensayo Muerte en la tarde, que él mismo describe; destaca su escritura técnica del iceberg. Conoció el continente africano junto a su esposa, Mombasa, Nairobi, Machakos y el Serengueti, sufriendo en el viaje disentería aberiana, pero sirviendo de inspiración para su siguiente novela “Verdes colinas del África” (1935).
4 libros publicados, decenas de viajes por el mundo, con un destacado gusto por el Caribe y la isla cubana. Ernest Hemingway, a una edad de plena madurez y curtido con distintas culturas del mundo, emprendería como periodista a uno de aquellos países que siempre consideró como de sus favoritos, el cual visitaba sin falta cada año para deleitarse con las corridas de toro. En esta ocasión, recién comenzaba una guerra civil devastadora que servía de precuela para la inestabilidad mundial que se avecinaba.
Hemingway acordó trabajar para la North American Newspaper Alliance como corresponsal de guerra, y en marzo de 1937 llegó a España. En plena guerra civil conoció a Martha Gellhorn, y entre disparos entre los bandos, peleas con amigos cercanos y un país que se desmoronaba, Ernest Hemingway encontró un nuevo amor. Fue testigo de la Batalla del Ebro, la última resistencia de los republicanos ante el ya victorioso bando nacionalista; Ernest Hemingway fue de los últimos periodistas en irse, y España ya no volvería a ser aquel país que tanto cariño y creatividad le dotaba.
En 1939, Ernest Hemingway se fue a vivir a Cuba, y su esposa Pauline lo esperaba para comenzar un divorcio largo y doloroso. Pauline sabía que Ernest Hemingway tenía un amante, que prontamente se iría a Cuba para estar con él. El escritor compró una finca llamada Vigía para compartirla con su nueva mujer, que después del divorcio celebra su boda el 20 de noviembre de 1940. Fue su nueva esposa Gellhorn quien lo inspiró para escribir el libro más destacado del portafolio de Ernest Hemingway, “Por quién doblan las campanas”. Un libro que narra la vida de un joven que se une al bando republicano y debe volar un puente para ayudar a la causa. Recibió una nominación al Pulitzer por su obra, y fue vendida de inmediato, reivindicándola y vendiendo medio millón de copias en las primeras semanas.
La Segunda Guerra Mundial llevaba varios años de desarrollo; por fin, los errores tácticos de los nazis y la entrada de Estados Unidos al conflicto llevaron a los aliados a un contraataque para recuperar el terreno perdido anteriormente. Hemingway cumplió las mismas funciones que había hecho en España, ser corresponsal de guerra. En 1944, en la ciudad de Londres, como si Ernest Hemingway estuviera hechizado para destruir sus matrimonios, a cada conflicto en el que trabajaba, una periodista de la revista Time llamada Mary Welsh lo enamoró por completo. Su esposa, que fue también a Londres semanas después, y viendo la poca atención que recibió de su parte cuando para llegar a su destino tuvo que montarse en un bote lleno de explosivos, dio por terminada su relación, despidiéndose de él en Londres y volviendo a Cuba con el corazón destrozado. A pesar de que se encontraba hospitalizado por un accidente de coche y su tercera esposa lo había dejado, al ver por tercera vez a Mary Welsh, le pidió matrimonio.
Fue testigo del Desembarco de Normandía, la liberación de París, la batalla del Bosque Hurtgen y la Batalla de las Ardenas. Fue arrestado, hospitalizado y condecorado en todo su tiempo en Europa. Estos años no le permitieron escribir libros, ya que la situación lo llevaba a realizar otras labores; solo el fin de la ocupación, y ya de vuelta en Cuba con su nueva pareja y futura esposa, volvió a escribir. Los siguientes años fueron herméticos en lo que respecta una vida llena de pasión, altibajos y guerras. Como ya no era una persona tan joven, el cuerpo le empezó a pasar factura de los accidentes y el exceso de alcohol que mantuvo por mucho tiempo. Diabetes, sobrepeso y depresión azotaron a la familia Hemingway; muchos amigos del pasado empezaron a fallecer, lo que lo llevó a un estado de tristeza continua.
En 1948, en un viaje a Venecia con su esposa, en medio de un periodo de conflictos, se enamoró de una joven de 19 años, hasta el punto de escribirle un libro “Al otro lado del río y entre árboles”. Su amor platónico y dedicatoria fue publicado en 1950 y trajo consigo una ola de críticas negativas hacia él; parecía entonces que Ernest Hemingway se quedaba sin ideas, y ese talante que tanto agradó a sus lectores se iba.
La opinión del público lo enfureció, y dedicó 8 semanas a lo que Ernest Hemingway consideraba su mejor trabajo, al último gran libro del autor, “El viejo y el mar”, la historia de un viejo canario en Cuba que pasa 3 días pescando al mayor pez que ha visto en su vida. El libro tuvo una acogida impresionante y lo llevó a la fama mundial, recibiendo el premio Pulitzer y preparando el escenario para el futuro premio Nobel de Literatura.
En 1953 su cuarta y última esposa le regaló un viaje a África, no sin antes pasar por España y ver una vez más las corridas de Pamplona. En África, Hemingway estuvo más cerca de la muerte que de la vida; sufrió dos accidentes aéreos seguidos. El primer accidente ocurrió cuando, en un vuelo turístico para ver desde el aire y fotografiar las cascadas Murchison, el avión se estrelló contra un poste de electricidad. Las lesiones fueron una herida en la cabeza por parte de Hemingway, y su esposa tuvo 2 costillas rotas. El segundo accidente ocurrió al día siguiente, cuando un avión había llegado para llevarlos al hospital; como si el destino deparara terminar con Hemingway, el avión explotó cuando quería despegar. En esta ocasión las heridas fueron aún más graves. Varios periódicos ya anunciaban la muerte del escritor; el suceso atípico y las posibilidades de sobrevivir eran pocas. Ernest Hemingway desmintió los rumores de su muerte, pero las heridas que le había ocasionado en esta oportunidad lo llevaron a vivir un dolor intenso, lo que lo lleva a beber aún más para afligir el dolor.
En 1954 la academia sueca lo galardonó con el Premio Nobel de Literatura. Con mucha modestia lo acepto; pese a que creía que otros lo merecieran, el jugoso premio económico lo llevó a aceptarlo. No pudo ir a Suecia a recibirlo por los dolores que aún le afligían sus accidentes en el África; en su lugar envió un discurso sobre lo solitario que puede ser la vida para un escritor.
Los siguientes años, a causa de la edad y los dolores, no viajo como anteriormente lo había hecho. Visitó España un par de ocasiones, entre las cuales falleció un escritor que admiraba Pío Baroja. Sus días los pasaba en su finca, donde turistas y distintos invitados lo visitaban y compartían con aquel hombre de tanta travesía. La llegada de Fidel Castro al poder la celebró, ya que odiaba el régimen de Fulgencio Batista. Los años lo llenaron de tristeza, y la inminente revolución, que cada vez se volvía más tajante, lo llevó a comprar una propiedad en Idaho, con vista al río Big Wood. En 1960 dejó definitivamente Cuba, puesto que las fuertes amenazas de expropiar las propiedades americanas eran un hecho; por su apuro, dejó atrás obras de arte y trabajos en el banco de Cuba, que posteriormente fueron expropiados.
Los últimos años de Hemingway estuvieron marcados por la depresión, el consumo de alcohol y un desorden mental marcado; las siguientes publicaciones tuvieron críticas negativas, y sus allegados lo veían distraído. Pasó tiempo en un hospital mental; los dolores se hacían insoportables, y había entrado en paranoia pensando que el FBI lo perseguía.
La madrugada del 2 de julio de 1961, Hemingway agarró su escopeta y disparó un cartucho en la cabeza, suicidándose como su padre décadas atrás, y marcando a los miembros de la familia Hemingway que, con el pasar de los años, morirían también por suicidio.
Ernest Hemingway supera la ficción
La vida de Ernest Hemingway honra sus libros, una gama de personajes peculiares, viajeros y hundidos en la profundidad de la simpleza profunda. Un retrato universal de las luchas personales, de la derrota espiritual y su renacimiento. Las diatribas cotidianas de aquel entonces, preguntas sobre el amor, la guerra, la tristeza y los engaños. La representación de un siglo movido y destructivo para los jóvenes, una generación perdida que sobrevivió a la guerra, pero no a la plenitud. Ernest Hemingway fue un autor que supo conquistar a sus lectores y detallar los acontecimientos del mundo, no por gracia de una creatividad titánica, sino ser un testigo de primera línea de lo que escribió.
Son todos los escenarios y personajes de sus libros, una vivencia, un Hemingway joven, casado, retirado o emocionado. Demuestra que solo se pueden describir emociones tan simples y profundamente especiales si se tiene la experiencia original de los sucesos. Las cicatrices que, a lo largo de su vida, acumuló fueron los recordatorios e inspiraciones de sus obras, que alientan a pensar que la grandeza lleva una dosis de superar o vivir con dolores.
Puede su vida abrir un debate sobre los matrimonios fallidos y sus inseguridades al abandono, sus adicciones y carácter. Puede cautivar sus aventuras y participaciones en los principales acontecimientos que azotaron los primeros 50 años del siglo XX. Puede ser que Hemingway se nos haga querido y fascinante, por descubrir un hombre que, dentro de su fama y reconocimiento, sufrió los trastornos y las desdichas de sus lectores. Un escritor que fue seguido, admirado y reprochado, Ernest Hemingway marcó el comienzo de su siglo, y de estar vivo en nuestro tiempo, nos daría esa escritura íntima y necesaria ante las exaltaciones que no comprendemos con el avance del mundo.
