Eugénie Grandet, una novela destacada de la Comedia humana
Resumen, análisis e importancia actual
El dinero, la causa principal de angustia al que lo carece y la tranquilidad del que le abunda; hemos basado nuestra sociedad en la búsqueda del crecimiento financiero como un medio de existencia. Aunque tengamos una infinidad de teorías económicas, políticas, filosóficas y religiosas. Por supuesto, es uno de los temas de debate mundial que manifiesta apasionados debates en torno a la justicia, la desigualdad y la avaricia. El dinero es un activo que intercambiamos por bienes y servicios, no tiene vida propia ni tampoco es causante de los males del planeta; el individuo es al fin y al cabo el responsable de su uso.
Eugénie Grandet es una novela que forma parte de uno de los proyectos literarios más importantes de la historia, una propuesta de recopilar 137 novelas conectadas entre sí. Pese a que no logró finiquitar el proyecto por la muerte de su autor, Honoré de Balzac, 87 novelas y 7 más no previstas en el proyecto conforman la comedia humana, que, como su título nos anticipa, ironiza a través de sus historias la sociedad en cimientos del poder, dinero y los conflictos humanos.
La historia de Eugénie Grandet gira en torno a varias preguntas: ¿Se puede ser pobre siendo el más rico de todos? ¿Estamos condicionados por nuestra riqueza, o nos restringimos voluntariamente por hábito social? Lo más importante: ¿La finalidad de vivir es acumular riqueza? Veamos de qué trata Eugénie Grandet:
Resumen Eugénie Grandet por Honoré de Balzac
Parte 1:
Saumur es un pueblo provinciano de la Francia del siglo XIX, donde se piensa que la vida es simple y rutinaria; en realidad se encuentran personajes interesantes. Todo el pueblo tiene cierta admiración y recelo hacia el señor Félix Grandet, llegando hasta el punto de estudiar sus movimientos y su forma de andar para sacar conclusiones de lo que va a hacer; interpretan sus vestuarios o sentido del humor como señales para dar los próximos pasos. A simple vista, para un forastero, se preguntará: ¿Qué tiene de interesante un hombre cuya vestimenta y vivienda son modestos? Pues bien, el hombre vanagloriado es la persona que tiene la fortuna más grande en todo el territorio. Con un sentido asesino en las finanzas y el vender, pasó de ser alcalde de Saumur a comerciante y, usando las inestabilidades políticas, acrecentó su fortuna, y aún más parte de la herencia heredada por su padre y sus suegros.
Con buen sentido para los negocios, excelentes inversiones y una extraordinaria tacañería, ha logrado acumular una riqueza sustancial. Adquirió grandes y magníficos viñedos, varias granjas de arrendatarios y una antigua abadía. A todo esto se añadieron los bienes confiscados al clero. Sin embargo, la fortuna del hombre apodado Padre Grandet no tiene igual a su propia codicia. Este último reina como un dictador sobre su hogar, a quien hace vivir una existencia cerrada. Su esposa e hija piensan que viven al límite de la pobreza, y las engañan creyendo que no tienen dinero; Félix Grandet no tiene consideración para comprar comida si no es la necesaria, al igual que la vestimenta; si hay que pasar frío en invierno, se pasa, pero la compra de ropa o remodelar la casa para evitar el frío es muy costoso para el viejo Grandet.
El avaro lo bloquea todo y calcula cada céntimo gastado; nadie tiene autoridad sobre él, aunque la población de Saumur ve en su hija “Eugénie Grandet” la gran oportunidad para enriquecerse, puesto que el viejo no cederá a su tacañería o inversión alguna. La misma tacañería ha llevado a los Grandet a encerrarse en vida y tener muy poca comunicación con las personas. Eugénie es una niña inocente y simple que no imagina las tramas que algunas familias hacen para conquistar su corazón, o al menos captar su interés.

Los dos clanes más ricos de la burguesía de Saumur saben que una unión matrimonial los convertiría en la familia más poderosa de la región (la fortuna de los Grandet los supera a ambos); por ello, se dedican con gran esmero a seducir a la muchacha Grandet con ardor. La primera familia, los Des Grassin (una familia de banqueros), y la segunda, los Cruchot (una familia de notarios), luchan con halagos y alabanzas para asegurarse de que un miembro de su linaje conquiste la mano de Eugène. Por las pocas oportunidades que ofrece el viejo Grandet para compartir con su familia, son los días de cumpleaños de Eugéne la excusa perfecta para hablar y convencer a la muchacha. Lo peor del padre, como buen oportunista, aprovecha esta competencia para pedir favores o conseguir tratos. Lo que nunca imaginó el señor Grande es que una correspondencia desde París cambiaría su estabilidad.
En noviembre de 1819, la familia Grandet celebra el vigésimo tercer (13) cumpleaños de Eugenia. El día no tiene nada de especial, salvo que su padre todos los años le da unas monedas de oro a su hija como regalo, que le servirán para cumplir una costumbre cuando se case. La cuestión es que, a pesar de ser un regalo, Félix Grandet tiene contado con exactitud las monedas que le ha dado en los años anteriores. Como de costumbre, los clanes Des Grassins y Cruchot acudieron a la casa de Félix Grandet para iniciar el ritual de quién da mejores regalos, quién ofrece mejores momentos, o aprovechar a presentar sus hijos jóvenes para convencer a Eugéne de una unión. Bajo la mirada de un padre que se burla de las actitudes de las familias por la mano de su hija, de la nada un joven vestido muy elegantemente entra en la habitación. Era Charles Grandet, hijo del hermano de Félix Grandet, Guillaume Grandet, un rico comerciante de París.
Las familias Des Grassin y Cruchot se quedaron impresionadas por el joven, sobre todo la joven Eugénie Grandet. Mientras se presentaba a las familias, Charles le da una carta a Félix de parte de su padre. Cuando lee la carta, se entera de que su hermano estaba arruinado y debía una cantidad de dinero enorme. Le confiesa que, pese al alejamiento, le deja a cargo su hijo, ya que, por la vergüenza, en el momento que su hijo ponga rumbo a Saumur, se quitará la vida. Cuando Charles es conducido por la señora Grandet a su nueva habitación, bajo la mirada curiosa de los invitados, Eugenia se demora en el baño mientras admira el jardín, puesto que le había llegado el amor a su cuerpo.
Al día siguiente, la noticia del suicidio de su hermano llega; por ende, Félix Grandet, muy impasible, le da la mala noticia a su sobrino Charles, que rompe a llorar al enterarse. Félix Grandet no se conmovió un ápice por el suicidio del hermano; en realidad sentía mucho rencor por hacerlo responsable de sus cosas. Además, despreciaba a su sobrino, que se había declarado insolvente, y no tenía nada de dinero. Incluso lo llama un inútil, creyendo que se preocupa más por los muertos que por el dinero. Ante tanta insensibilidad de Félix Grandet, la señora Grandet y Eugénie hacen todo lo posible para hacer la vida de Charles más agradable, comprando por primera vez mermeladas y algunos alimentos de sobra, lo que enfurece aún más al viejo Grandet, por el gasto.
Félix intenta pagar las deudas del difunto Guillaume gastando la menor cantidad de dinero posible e ingenia durante una reunión con los Cruchot y los Des Grassin una táctica para evadir responsabilidad. Envió al banquero Des Grassins a la capital para interesarse por el asunto y tratar nuevos acuerdos con los deudores. Por la misma razón, Félix Grandet desea deshacerse de su sobrino, por lo que le dice que debe partir a las Indias en busca de riqueza. Le compra un boleto solo de ida para no volver a verlos; mientras tanto, Eugénie y Charles se pierden en confidencias y pláticas, para rápidamente confesarse su amor el uno por el otro.
Una noche, Eugenia se siente atraída por las lamentaciones de Charles y entra a su habitación, donde él se encuentra dormido. Ella cede a la tentación de leer las dos cartas que su primo escribió antes de irse a dormir. La primera es para una tal Annette; Carlos le informa de su partida a la India y de su decisión de poner fin a su relación. Esta correspondencia implicaba que quería casarse con Eugenia. La segunda carta está dirigida a su amigo Alphonse, en la que le pide que liquidara todos sus bienes para saldar sus deudas.
Conmovida por la bondad de Charles, Eugénie decide ofrecerle sus únicas posesiones: las monedas de oro que Félix Grandet le regalaba en cada cumpleaños, que no era una suma exorbitante, pero sí funcional. Reacio al principio, Charles finalmente acepta el presente y se lo agradece. A cambio, le regala una caja de aseo de oro entera y dos retratos decorados con perlas que pertenecían a su madre. Promete volver y casarse con ella cuando haya hecho su fortuna. En el momento en que Charles se va a la India, los dos se juran amor eterno.
Félix Grandet, tras una exitosa y sucia jugada, consigue una transacción financiera el 1 de enero de 1820; nunca estuvo más feliz, y le ofreció a Eugénie una obra de Napoleón. De la emoción, pide contar todo el dinero de Eugénie, que ya tenía 18 años. La joven Eugénie no pudo ocultar más el secreto de sus monedas, por lo que le dice a su padre que ya lo gastó, pero el padre supuso que Eugénie había ofrecido sus posesiones a su sobrino Charles, entrando en una cólera desmedida. La reprende e insulta por sus actos, y la castiga a que permanezca encerrada en su cuarto, comiendo solo pan y agua.
Parte 2
Pasaron varias semanas y la señora Grandet, cansada del conflicto, terminó por enfermarse; su salud se deterioraba rápidamente. El castigo de su hija la hizo pedir una intervención del notario Cruchot, para que su hija pudiera salir del cuarto. El señor Cruchot sabía que solo una cosa haría cambiar de opinión a Félix Grandet: le recomienda que ponga fin a su disputa con su hija por su propio interés, por el hecho de que, al ser Eugénie la única heredera de la familia, tiene derecho a reclamar una parte de la herencia en caso de que su madre fallezca. Félix Grandet, al ver que la mitad de su fortuna está en riesgo, accede finalmente a acercarse a su hija, con la esperanza de que acepte un acuerdo en el cual, si su madre fallece, su herencia quedará a nombre de él.
Después de dos años de martirio, en octubre de 1822, la señora Grandet fallece exhausta. Esto deja devastada a Eugénie, lo que aprovecha su padre para conseguir que Eugénie firme un documento que la obliga a renunciar a toda la herencia de su madre. Ella, sin resentimiento, se queda al lado de Félix para cuidarlo. Durante los siguientes cinco años, la codicia de Félix Grandet aumenta a medida que su salud disminuye.
Estando su fin muy cerca, inicia los trámites de traspaso del comercio a Eugénie. El señor Grandet, ya anciano, le pide a su hija que pasara su cama a la entrada de su bóveda, ya que allí residía su fortuna y tenía miedo a que la robaran. Ninguna reflexión ni remordimiento le llegó al viejo Grandet, que murió cuidando su fortuna, que dejó de ser de él en el momento que partió de este mundo.
Parte 3
Después de la muerte del padre, Eugénie Grandet se quedó sola con su criada Nara, mientras esperaba a su amante, dejando a la espera las propuestas de las familias Cruchot y Des Sassins. Charles hizo su fortuna en la India; sin embargo, las deudas de su padre eran muy altas para lo que había ganado. Regresó a la capital parisina y se negó categóricamente a pagar las deudas de su padre. Decide entonces casarse con una señora que no le agrada, pero que tiene una fortuna que lo ayudará a volver a la clase alta francesa.
Eugénie recibe finalmente una correspondencia en la que su primo le informaba de su matrimonio con la marquesa de Aubrion. Le hace saber que solo quiere de ella su nobleza, ya que las deudas de su padre le crean una mala reputación, que si le haría el favor de devolverle los cuadros que le regaló, y adjuntaba las monedas que Eugénie Grandet le dio antes de partir. Desesperada y despechada, la muchacha Grandet le propone matrimonio al viejo Cruchot de Bonfons con algunas condiciones, las cuales eran que no podían acostarse y que resolviera un asunto en la capital.
En París, Charles Grandet recibe al nuevo esposo de Eugénie Grandet, quien paga todas las deudas de su difunto padre, devuelve los cuadros y le hace saber a Charles que Eugénie Grandet es una de las personas más ricas de toda Francia.
A pesar de que la familia Cruchot había logrado ganar la batalla matrimonial por la herencia del padre Grandet, poco después de ser nombrado diputado, el esposo de Eugenia murió.
Viuda con solo 33 años y con la riqueza más grande de Francia, ya que heredó toda la fortuna Cruchot sumada a la suya, Eugénie Grandet regresó a la casa de los Grandet, donde vivió de pequeña. A pesar de su gran fortuna, dedicaba sus días a donar el dinero a la caridad y compartir con su criada Nanon. A pesar de su gran corazón, la decepción amorosa y la actitud del padre por encerrarla por muchos años la hacen ser una dama melancólica, sintiendo que solo su criada realmente la quiere, y viviendo monótonamente sin lujos y extravagancias.
Análisis e importancía

Repasando los hechos más notables, Eugénie Grandet demuestra la avaricia como un fin que no tiene acabamiento, un círculo que repite su accionar por el beneficio individual sin considerar otra alternativa. Los personajes sin remedio persiguen una posición que ya tienen; no obstante, creen que nunca logran alcanzar, no por voluntad, sino por tradición, a los métodos de escalar posiciones tan escasos en la burguesía francesa de aquella época, como también en la actualidad. Arrebatando desde la juventud los sentimientos simples y puros del humano (amor, empatía, desinterés), para arrastrar intereses heredados y desestimar lo que ya se tiene.
Los grandes perdedores en el libro Eugénie Grandet son todos los que desde un comienzo antepusieron la avaricia. El primo de Eugénie Grandet, Charles, casándose por la posición y los beneficios de una mujer que le desagrada. Para descubrir, a fin de cuentas, que Eugénie, su amor genuino de años atrás, era dueña de la riqueza más grande de todo Saumur que, con un golpe de justicia irónica, paga la deuda de su antiguo amado desarticulando su razón de esposarse. La familia Cruchot, por otro lado, después de muchos años pretendiendo casar a De Mossons con la deslumbrante herencia que recibió Eugénie Grandet, muere joven y sin algún heredero, por lo cual es Eugenie quien recibe además el cuantioso patrimonio de su difunto.
Eugénie Grandet, la única persona del cuento que conserva su pureza como persona, es arrastrada al desamor, el engaño y la soledad por culpa de los deseos ajenos; su entorno destruye lo que pudo ser Eugénie y la confina a un pensamiento melancólico: “Nanon, tú eres la única que me quiere”. Viviendo en la penumbra en que su padre le enseñó a vivir, acompañada de la vieja Nanon y la fortuna más grande de todo Saumur. El deseo de los aristócratas y el pueblo en general, y la razón por la que Félix Grandet en sus últimos días durmió en la bóveda por miedo a algún hurto, considera Eugénie Grandet hacerla sentirse la más desgraciada que existe.
El dinero es el deseo principal de todos; no es un mal ni un bien, es una condición que nos impusimos para vivir entre nosotros. Si florece la envidia por la riqueza de otros, tomemos como advertencia el destino de aquellos personajes de este libro que se preocuparon más por los bienes ajenos y no por el que tenían. Si queremos anteponer el dinero como placer, felicidad y paz, veremos, al igual que el señor Grandet, un castigo eterno hasta la muerte del miedo a pertenecer de nuevo a la pobreza o lo que sea que atormentaba a Félix Grandet. El bien más valioso que tenemos siempre será “el tiempo”; por ende, si gastamos tiempo en producir dinero, es para generalmente ganar tiempo libre en un futuro. El problema siempre ha sido que tenemos un valor del tiempo bajo y asequible; en cambio, la obtención de dinero cada vez más preciado e inasequible.
Nadie ha venido al mundo por voluntad propia, no decidimos dónde nacimos ni qué familia queremos; si bien pareciera que es injusto nacer, solo es el presagio de lo que afrontaremos. No por ello, se debe uno desvivir en acusar las ventajas de otros, ni basar tu existencia meramente en el materialismo. Se debe vivir como se debe y hacer lo que se puede, que el crecimiento material y personal es un camino largo, sin atajos, donde solo la perseverancia, la disciplina, la búsqueda de felicidad y el conocimiento se anteponen en una rutina diaria que da frutos en el momento adecuado.
“La felicidad desea libertad, porque cuando se es libre se empieza a conocer; el conocer atrae riqueza y la riqueza nos regala tiempo; el tiempo, en cambio, nos concede felicidad.”
José M. León
