1984: Resumen, análisis y presagios
Los temores de Orwell sobre el futuro eran abismales, un hombre que fue testigo de las crueldades a las que fue sometido el mundo por las guerras que se produjeron en el siglo XX. Las guerras destaparon los métodos por los cuales los gobiernos censuraban, apresaban y escondían la verdad, ya sea por la victoria o estabilidad del territorio. Orwell fue un hombre universal, imposible de remitir e identificar por una doctrina que no sea la búsqueda de la verdad. “En épocas de engaños, decir la verdad es un acto revolucionario”, frase dicha por Orwell en un momento donde la humanidad aguantaba la respiración por los poderes que, haciendo uso de sus facultades, reescribieron la historia como convino para el adoctrinamiento del ciudadano.
1984 fue escrito en 1948, como un libro futurista que advertía las técnicas que usarían los gobiernos para destruir la moral, la historia y la libertad de los ciudadanos, soportes claves para que el humano viva con dignidad. Winston Smith, personaje principal de la novela, es un hombre que no entiende cómo su mundo llegó hasta esa instancia. “La paz es la guerra, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza”, las doctrinas que instauró su gobierno y que las personas creen como única verdad para existir. Este año el mundo tiene varios frentes de guerra, una situación adecuada para justificar los líderes actos en nombre de la paz y la libertad, los más inhumanos episodios. Los líderes necesitan de la guerra para justificar su poder; el intercambio de ideas es una molestia, una pérdida de tiempo y un acto rebelde contra la autoridad. Necesitan los líderes mantener su poder, y aún peor, necesitan que lo admiren por ello. El mundo, hoy, a décadas de 1948, refresca la memoria que hemos perdido y que nos han cambiado, las palabras que no son las mismas de antes, y la necesidad constante de pelearnos entre nosotros como un fin para esclavizarnos: ¡el gran hermano te vigila!
Cada vez somos más distantes, y cada vez nos rechazamos aún más; no dejamos proliferar nuevas ideas, ni mucho menos el acuerdo general del bien entre nosotros.
¿Qué finalidad? Nos preguntamos, 1984 responde el “Por qué” de esto. Un relato deprimente del futuro que llegó hoy, el Gran Hermano o la policía del pensamiento para los lectores, pensaban algunos, era una exageración. Al parecer, hoy las máquinas, las redes y la tecnología nos han adelantado y saben con anticipación lo que pensamos, lo que queremos ver en las redes, lo que tenemos que ver para odiar y lo que tenemos que escuchar para admirar; una imagen ficticia que creemos y que nunca nos preguntamos quién está detrás de todo esto.
Resumen
Parte 1: EL GRAN HERMANO TE VIGILA
En un Londres futurista, los ciudadanos viven bajo un régimen represivo que tenía a sus ciudadanos en constante vigilancia. El mundo había tenido una gran guerra y el gobierno había adoptado unas políticas inhumanas. Bajo el lema de “La guerra es la paz, la esclavitud es la libertad, la ignorancia es la fuerza”. La estructura gubernamental se jerarquizaba con los ministerios de la verdad, que se encargaba de cambiar los hechos históricos a conveniencia; el ministerio de la abundancia, que decidía cuándo y dónde los periodos de hambruna comenzaban; el ministerio de la paz, encargado de los asuntos de guerra; y el peor de todos, “El ministerio del amor”, encargado de la ley y el orden. Londres pertenece a la franja del área-1 de Oceanía; las clases se dividen entre la prole y los miembros del partido; la prole son extremadamente pobres y se consideran ignorantes, mientras que los funcionarios tienen un nivel de vida un poco mejor.
Winston Smith está llegando a su casa después de una larga jornada laboral; este es un funcionario del Ministerio de la Verdad, el cual se basa en borrar el pasado del país para divulgar otras realidades que vayan a favor del gobierno. El país es gobernado por el INGSOC (socialismo inglés) y su gran líder es el Gran Hermano, un hombre con facciones rudas y bigote largo que se encuentra en todos los pósteres, cámaras y propagandas en la ciudad a pie de la consigna: ¡El Gran Hermano te vigila! Winston Smith, al llegar a su casa, decide dejar la única comida que tiene para el día después. Destapa una botella y, en un acto de rebeldía, empieza a anotar en un diario el odio que le tiene al INGSOC y al Gran Hermano, sabiendo que este mero acto lo condenaría a muerte por ser un crimen mental, o mejor dicho, crimental en el nuevo lenguaje. Sabía que tarde o temprano, la policía del pensamiento sabrá lo que hizo.
De pronto alguien tocó la puerta y juró Winston que era la policía del pensamiento; resultó ser su vecina, la Sra. Parsons, que necesitaba ayuda, ya que su lavavajillas estaba goteando. Mientras reparaba, los hijos de su vecina amenazaban a Winston con que lo iban a declarar a la policía del pensamiento por ser un traidor. El esposo de la señora Parsons era uno de los mayores seguidores del partido y, por culpa del trabajo, los niños no pudieron presenciar una ejecución, por lo que los niños estaban muy molestos y con ganas de que pasara algo que matara su aburrimiento. Esto le aterraba a Winston, ya que se sabía que los niños eran adoctrinados, se volvían los mayores defensores del partido y eran capaces de traicionar a sus padres. De vuelta en casa, intenta recordar cómo era su vida antes, su familia o cómo se vivía, pero no logra recordar absolutamente nada.
Lo que sí recordó fue que en la mañana había pasado algo fuera de lo común. Habitualmente, los trabajadores son obligados a formar parte de los 2 minutos de odio, en el que se basaba en ver un video donde aparecía el supuesto líder de la hermandad, Emmanuel Goldstein, un supuesto grupo terrorista que quería acabar con el régimen. Su líder, “Emanuel Goldstein”, había estado en el partido INGSOC hasta que decidió traicionar al Gran Hermano. En el momento en que aparecía en la pantalla, todos los trabajadores recurrían a sus instintos más salvajes, lanzando y gritando blasfemia hacia el traidor terrorista. Winston notó que en la sala habían entrado dos personas; una era una muchacha joven muy atractiva que pertenecía a la liga femenil anti-sex, y el otro era O’Brien, un hombre con el que Winston ya se había cruzado y que sabía que tenía un puesto importante dentro del partido. Entre la ira de los trabajadores, Winston cruzó miradas con O’Brien; una sensación extraña le recorrió el cuerpo, ya que creyó sentir que tanto él como O’Brien sentían odio hacia el partido.
Lo que más le preocupó a Winston fue la muchacha joven; pertenecía a la Liga Juvenil Antisex, más cruel y fiel al Partido; cualquier acción que él hiciera era suficiente para que lo acusaran de algo.

El cambio drástico en la vida de Winston
Al día siguiente, Winston se encontró en la cafetería con su amigo Syme, un hombre que considera muy inteligente. Este le explica que su trabajo consiste en destruir palabras y reducir el vocabulario al mínimo, para limitar el alcance del pensamiento. El cambio de las palabras servía para confundir y evitar que las ideas se ordenaran. Syme cree que la neolengua alcanzará su perfección en el año 2050, y que entonces nadie podrá entender una conversación como la que están teniendo. Winston considera que en algún momento va a ser vaporizado Syme (desaparecido y borrado) por su brillantez.
Los días pasaron y Winston, mientras caminaba, se cruzó con la muchacha joven y bella; la chica llevaba tiempo observándolo con curiosidad; Winston estaba nervioso por ello. La chica se resbaló, cayendo encima de él, entregando una nota discreta en su mano: “Te quiero”, decía.
Winston busca a la muchacha en la cantina con discreción, ya que el partido INGSOC tiene prohibidas las relaciones amorosas y sexuales. Logran acordar un punto para encontrarse; Winston está emocionado por saber que se adentrará en una relación. Lo que pensaba que era la joven de la liga anti-sex resultó ser diferente.
Quedan de acuerdo en encontrarse en el bosque, lejos de la vigilancia constante a la que son sometidos. Julia le dice cómo llevan su relación de ahora en adelante: se podrán ver 1 o 2 veces al mes en privado para no levantar sospechas, y en los días que se encuentren en el ministerio actuarán como un par de desconocidos. Winston Smith y Julia tienen relaciones sexuales; esta le comenta que cree que la represión sexual lleva a la histeria y al odio, y que el Partido utiliza esto en su beneficio, por eso el motivo de su abstinencia.
Uno de los puntos de encuentro entre Julia y Winston es la tienda del señor Charrington, un viejo decrépito y débil que recuerda cómo se vivía antes; el hecho de que Charrington tuviera conciencia de que se cambian los hechos históricos, y este ha sido un buen comerciante en artículos ilegales como navajas de afeitar, jabón o libros, le da a Winston una seguridad para confiar en él y alquilar una de las habitaciones para estar con Julia. Lo único que le desagrada a Winston son las ratas que recorren la habitación, ya que Winston le tiene pavor a los roedores.
El presagio de Winston se hace real: Syme ha sido vaporizado; lo peor para Winston es que fue borrado como si nunca hubiera existido. Esa misma semana la guerra que había contra Eurasia se desató y la ciudad vivía bombardeo constantemente, aunque estas caían siempre donde vivía la prole; más que indignar a la población, creaba un sentimiento de patriotismo, por lo que el partido era más popular que nunca, y la neolengua se usó con más frecuencia.
A pesar de sus diferencias sobre qué hacer con sus vidas, Winston y Julia continúan disfrutando de su tiempo juntos en la habitación encima de la tienda de Charrington. Saben que no pueden cambiar el curso de los acontecimientos, pero se aferran a su amor y a la esperanza de un futuro mejor.
Parte 2: La ilusión de un cambio
Un día O’Brien se acerca a Winston para comentarle sobre la décima edición del diccionario de la neolengua. Este le habló sobre el genio detrás que lo diseñó, sabiendo Winston que se trataba de Syme; en un papel le da la dirección de su casa para reunirse. Winston sabe que está formando parte de la rebelión hacia el Partido; el miedo invade a Winston por el Ministerio del Amor, pero acepta ir y hacer frente a su destino.
Con perspicacia, el día de la reunión, Winston y Julia llegan a la casa de O’Brien, asegurándose de que nadie los siguió y no hay micrófonos; comienzan a hablar libremente de su desprecio hacia el Partido y el querer formar parte de una rebelión. O’Brien les dice que la organización se llama La Hermandad, y que él es parte de ella. Lo que sí, es que si querían formar parte, el manejo de la información es nulo por seguridad; obedecerán órdenes sin cuestionar. En caso de una captura, serán abandonados, o en el mejor de los casos alguien les dará una hoja de afeitar para suicidarse. Ante una serie de preguntas que hace O’Brien sobre si están dispuestos a sabotear, asesinar o torturar con tal de hacerle daño al partido, Winston y Julia responden afirmativamente a todo, a excepción de que sean separados el uno del otro. Julia parte primero, y O’Brien le entrega a Winston el libro de Emmanuel Goldstein y le explica cómo recibirá órdenes; además, le comenta que es muy posible que no vuelva a ver a Julia.
Las siguientes semanas son las más ocupadas para Winston. Este se impresiona de que ya no existe una guerra con Eurasia; ahora el enemigo es Asia central, y todos los ciudadanos celebran la guerra contra un enemigo que antes no existía. Por ello, todo el trabajo hecho en las oficinas del Ministerio de la Verdad tiene que cambiar drásticamente para que el pasado se ajuste al nuevo enfrentamiento.
Winston logra desocuparse y empieza a leer el libro que le da O’Brien. Su primer repaso del libro le enseña que los gobiernos necesitan estar en un estado de guerra continua para mantener la estructura jerarquizada y el control de las masas.
Julia y Winston quedan en verse otra vez en la habitación del señor Charrington; mientras están acostados, Winston empieza a leer el libro. El libro le aclara que el paso de la historia humana ha sido una lucha entre las clases altas, medianas y bajas. Por ende, partidos como el INGSOC necesitan de una falta de libertad y mantener perpetua la pobreza para poder vivir en igualdad. Menciona la razón por la que quieren cambiar el pasado, y es mantener la admiración del partido como un salvador.
Winston y Julia se quedan dormidos un rato, hasta que la estufa se apaga y se despiertan. Winston veía en la ventana a una mujer tendiendo ropa, cuando de pronto una voz se oyó detrás de ellos: «Están muertos», les dijo. Al instante, un grupo de soldados entró a la habitación y apresó a Julia y a Winston. En el fondo, el señor Charrington apareció sin estar tan débil como antes, con uniforme de la policía del pensamiento, y el causante de que los descubrieran. Winston ve cómo se llevan a Julia entre golpes y maltratos.
Winston es encerrado en una habitación sin ventanas, donde es obligado a compartir con otros prisioneros; algunos eran por simplemente haber pensado algo incorrecto o usar la palabra «Dios». También se encuentra con el esposo de su vecina, el señor Parsons; sus hijos habían acudido a la policía del pensamiento, ya que este, dormido, había dicho «abajo el gran hermano». Winston se siente débil, no ha comido en 24 horas y no sabe el destino que le depara. De pronto a la habitación entra O’Brien, capturado. Este es testigo de cómo los guardias golpean con una porra a Winston hasta desmayarlo.
Winston despierta en una habitación amarrado y confundido; O’’Brien está presente junto a un doctor con una jeringuilla. O’Brien, en realidad, era una de las personas que movían los hilos dentro del partido. La tortura empieza y Winston es sometido a torturas tanto físicas como psicológicas. O’Brien revela que el objetivo del Partido no es solo castigar a los enemigos, sino también convertirlos y controlar sus pensamientos. Le dice a Winston que lo están torturando para curarlo y hacerlo uno de ellos. También le revela que Julia lo traicionó y se convirtió en una ferviente seguidora del Partido. Winston hace preguntas a O’Brien sobre la existencia del Gran Hermano y la Hermandad, pero O’Brien solo le responde: «Winston, tú no existes».
Parte 3: El adoctrinamiento y la lealtad
No se sabe cuánto tiempo ha pasado, pero O’Brien continúa con su interrogatorio. O’Brien le pregunta a Winston por qué el Partido desea el poder. Winston responde que es para el bienestar de la mayoría, pero O’Brien le dice que eso es una estupidez y que el Partido solo busca el poder puro. O’Brien explica que el poder está en infligir dolor y humillación, y que el Partido controla la vida en todos sus niveles. También le dice a Winston que el Partido es inmortal y que siempre habrá alguien a quien derrotar y humillar.
Hace un repaso de las consignas de «La esclavitud es la libertad, la ignorancia es la fuerza, la guerra es la paz», y cómo este modelo funciona para la estabilidad de una ciudadanía completamente leal; el libre pensar genera dudas y la búsqueda de la verdad, el estado de alarma crea compromiso por el país independientemente de quién esté al mando; la ignorancia genera fidelidad.
O’Brien obliga a Winston a verse en un espejo; está tan flaco que sus rodillas son más anchas que las piernas, la columna vertebral se asoma deforme, su nariz está torcida y ha perdido el cabello. Winston rompe en llanto al verse.
Pasa el tiempo y Winston es cambiado a una habitación más acogedora. Lo alimentan 3 veces por día, y poco a poco ha recuperado su peso. Se creía que Winston ya había sido adoctrinado para amar al partido, pero una noche se despierta de sobresalto pensando en Julia. O’Brien entra a la habitación preguntando si aún odia al Gran Hermano. Este le responde que «sí».
Winston es llevado a la habitación 101, es amarrado a una silla y le han puesto un bozal con una jaula llena de ratas. O’Brien le dice a Winston que si abre la jaula, esta se lanzará a su cara, comiéndose su rostro. El mayor miedo de Winston lo quiebra y le grita a O’Brien que le haga eso a Julia, no a él. O’Brien lo tenía, le arrancó su humanidad y ya no era una persona con sentimientos.

Winston fue dejado en libertad; pasaba los días sentado en la cafetería bebiendo alcohol y jugando ajedrez; nadie se le acercaba a él por miedo a represalias. Un día se encontró con Julia, no sintieron ninguna emoción y ambos confiesan haberse traicionado; Winston había sido despojado de sentir. Mira en la telepantalla mientras bebe que hay una victoria del Gran Hermano en el frente. Esto alegró a Winston y sintió una verdadera admiración por la figura del líder; mientras tanto, un soldado detrás le apunta a Winston. El disparo que tantas veces imaginó Winston por sus acciones, por fin, había llegado.
Análisis e importancia de 1984: “Un libro llamando a la conciencia”
La guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza
O’Brien destruye a Winston; le arrebata la columna vertebral que le da sentido a vivir, el amor, la libertad y el pensar. La novela relata un sinfín de objetivos gubernamentales para la manipulación de la realidad, porque solo la realidad es el enemigo de un autoritarismo para despertar una rebelión. El mundo padece las doctrinas del INGSOC (socialismo inglés); aunque no revelan una brusquedad aplicada por la policía del pensamiento, con discreción el Gran Hermano tiene todo un engranaje de ministerios, adeptos y represiones que llamamos hoy gobierno. Por ende, tenemos 3 puntos claros que debemos destacar de la novela:
El doblepensar, no tener historia y el trasfondo de cambiar las palabras.
El doblepensar es una herramienta que sirve para que el individuo entre en contradicción consigo mismo, una práctica incoherente en la que se debe pensar en 2 ideas contradictorias que son verdad: “2+2=4, pero también lo es 2+2=5”. La verdad se pierde en la disputa, y no existe ni lo malo ni lo bueno; somos testigos de este uso para contrarrestar el sentido común. Cuando la población tiene 2 verdades que al mismo tiempo son 2 mentiras, emerge una autoridad con la única verdad, y se traga esta mentira con idolatría y complacencia. Hoy, dar una opinión que no entre bajo la tutela de los dueños de los medios o del poder es aplazada y vaporizada. Las redes sociales son una valiosa herramienta para hacer uso de ello; si no fuera así, ¿por qué cuando enfrentamos un dilema, como lo es Venezuela, existen un millón de opiniones de defensa hacia ella, olvidando lo más importante, que siempre han sido sus ciudadanos que con la verdad demostraron su descontento y que aún se disputa si fue real lo que sucedió?
Estamos sujetos a cambiar nuestra historia; los líderes usan de ella para crear un enemigo y resaltar su poder hasta el punto de odiar su identificación, el lugar de nacimiento, o repugnar las raíces. La historia no es ni buena ni mala; son eventos que forman parte de nosotros y que debemos aprender a querer, los eventos positivos, como reflexionar y estudiar los eventos repugnantes por la necesidad de sabor que no hay que repetir.
Las palabras también son historia, son la evolución del humano buscando crecer. Winston Smith se asustaba al saber que querían cambiar el significado de las palabras, porque las palabras son una fuerza para recordar y proteger la identidad. Ahora, en grupos poderosos, hacen uso de las palabras y les dan significados muy distintos, cumpliendo una agenda egoísta que solo tiene como objetivo el olvido, para crear un escenario donde solo ellos son lo necesario y lo que necesitamos.
Los Ministerios
Los ministerios que mantienen la consigna del INGSOC distribuyen y organizan el poder con una severidad terrible en nombre del supuesto bienestar. Winston, como funcionario del Ministerio de la Verdad, era testigo de la manera en la que creaban sucesos históricos falsos para convertirlos, según las circunstancias dictan, en una verdad del pasado. La incongruencia era basta, pero un pueblo que no sabe sobre su pasado está condenado; solo se puede saber si el mundo ha mejorado, si se ve hacia atrás.
Es curioso que precisamente los ministerios presentados en la novela incurran en la desestabilización: el Ministerio de la Abundancia decide crear hambrunas para aplacar la fuerza; el Ministerio del Amor, por medio de la tortura y el forzamiento, reeduca a la población; el Ministerio de la Paz justifica los bombardeos a la ciudad para atemorizar al pueblo.
Ahora hay una afinidad política en generar una cantidad absurda de ministerios, que no solo cargan la economía del territorio, sino que, paralelamente, buscan promover el completo y absoluto control de cada actividad en la que nos relacionamos. Hay países que hoy en día se celebran tener un ministerio de la felicidad o de la mujer, sin un objetivo claro o una función real dentro de la política; no solo genera risa, genera preocupación que cada vez existan ministerios que regulan la actividad entre nosotros y que ni siquiera tienen propósito. Aun así, los medios la celebran como un logro de modernidad, sin ser más que un logro del populismo y la manipulación.
El Gran Hermano
El libro nunca confirma la existencia del Gran Hermano, aunque deja pistas de que realmente ni siquiera existe; mejor aún, idolatran una idea que puede ser inmortal y que, fuera de la propia naturaleza humana, no comete errores. Visto su nula existencia, igualmente se presenta en los postes, cámaras, propagandas, radios y televisores de la destructiva Londres; tiene vida propia y es un líder perfecto, pero entonces, ¿quién está detrás de la maquinaria represiva de la INGSOC?
Un partido, un grupo de personas o un líder anónimo pueden ser teorías igual de acertadas; lo que sí deja en claro es que el autoritarismo actúa en el anonimato, una sombra que se mueve entre la multitud buscando que la luz desaparezca y la oscuridad abarque todos los rincones. Nunca el autoritarismo va a venir con la verdad; es una mentira, un disfraz fácil de reconocer, pero que les es indiferente a las masas.
En el repaso hecho, hay ciertas costumbres políticas que son análogas a los gobiernos actuales, los terrores de George Orwell, y nuestro terror de que la vida puede tumbarse al abismo; no optamos por defenderla, optamos por no creer que una situación descrita como en el libro 1984 pudiera suceder. Orwell ya había observado este comportamiento irracional y pasó muchos años de su vida tratando de advertir los nuevos tiempos de destrucción y represión, que, como muchos colegas de su misma índole, solo son escuchados cuando las advertencias son un hecho irremediable.
“La indiferencia es el aliado principal del mal, no solo porque comparte el núcleo de la inhumanidad, sino que se ha normalizado como un accionar justificado; la indiferencia es, en todo caso, una acción de cobardes.”
José M. León
